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“Ningún hombre nace violento”: Subia plantea desmontar los mitos sobre la masculinidad

  • Foto del escritor: Red Actora
    Red Actora
  • 2 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

Redacción RedActora |

Foto archivo: Ipas Bolivia
Foto archivo: Ipas Bolivia

Nilton Subia, sociólogo y líder de proyectos de masculinidades saludables en Ipas Bolivia, sostuvo que los debates sobre masculinidad y justicia reproductiva deben avanzar juntos si se busca transformar de raíz las relaciones sociales en el país. Su planteamiento parte de una premisa central: los discursos tradicionales sobre “lo masculino” no solo limitan a los hombres, sino que impiden el ejercicio pleno de derechos en toda la sociedad.


Subia enfatizó que la masculinidad no es una condición natural, sino una construcción cultural. “No existe tal esencia ni naturaleza en el hombre”, afirmó, al señalar que los comportamientos asociados a lo masculino se aprenden, del mismo modo que se aprende cualquier oficio. Incluso la testosterona, tradicionalmente vinculada a la violencia, “solo amplifica un comportamiento humano”, ya sea agresión o cuidado, afirmó el especialista en el webinario “Masculinidades y justicia reproductiva”, organizado por la res de periodistas RedActora.


Desde su perspectiva sociológica, la identidad masculina se estructura sobre mandatos rígidos que siguen vigentes. Subia recordó la “triple negación”, un concepto utilizado desde los años noventa para explicar que un hombre se define por lo que no es: ni mujer, ni niño, ni homosexual. Esa lógica, según explicó, sigue alimentando expectativas como la obligación de ser exitoso, acumular dinero o demostrar virilidad a través de múltiples parejas, deseos que calificó como construcciones de raíz patriarcal.


El sociólogo también observó que estas exigencias adoptan matices regionales. En zonas del país, como Yacuiba, habilidades tan puntuales como saber preparar un churrasco pueden convertirse en una vara cultural para “validar” la masculinidad. Para Subia, estos ejemplos muestran hasta qué punto la identidad masculina está atravesada por acuerdos sociales más que por determinismos biológicos.


En el marco de su trabajo en Ipas Bolivia, Subia impulsa el concepto de “masculinidades saludables”, que busca vincular bienestar y reducción de violencia. Explicó que existe la hipótesis de que una mala salud masculina —incluyendo aspectos físicos, emocionales y sociales— tiende a producir comportamientos más violentos. Por ello criticó la noción extendida de que “los hombres no vamos al médico, vamos al mecánico”, una frase que, a su juicio, sintetiza la forma en que muchos hombres consideran su cuerpo como una máquina que debe funcionar sin dolor, sin cansancio y sin emociones.


Esa visión tiene consecuencias profundas. Subia recordó que, en las Américas, los hombres mueren más que las mujeres por homicidio, y que una parte importante de estos crímenes son cometidos por otros hombres. “Estos datos requieren una lectura política”, afirmó, en tanto evidencian que los mismos mandatos que empujan a los hombres a demostrar fuerza o dureza terminan generando niveles alarmantes de violencia entre ellos.


Justicia reproductiva


El segundo eje de su análisis es la justicia reproductiva, un marco conceptual que, según explicó, va más allá de los derechos sexuales y reproductivos tradicionales. Retomando el enfoque de la activista Loretta J. Ross, señaló que la justicia reproductiva articula la libertad de decidir sobre el cuerpo con la igualdad social. Abarca tres derechos esenciales: tener hijos, no tenerlos y criarlos en un entorno digno.


Sin embargo, Subia advirtió que en Bolivia el marco normativo no es suficiente para garantizar esos derechos. Un ejemplo claro es la Interrupción Legal del Embarazo (ILE), permitida en casos de violación, estupro o riesgo para la vida de la mujer. “Aun siendo causales constitucionales, hay numerosas situaciones en las que no se aplican”, lamentó, lo que evidencia que el acceso a la justicia reproductiva depende no solo de leyes, sino de voluntad institucional y de romper resistencias culturales.


A esta problemática se suman las condiciones socioeconómicas que determinan quién accede a servicios de salud adecuados. Para Subia, el derecho a criar hijos en un ambiente saludable también implica políticas públicas efectivas, como permisos de paternidad respetados o la existencia de guarderías en instituciones públicas. Criticó que estas obligaciones se evadan deliberadamente, por ejemplo, evitando contratar suficiente personal para no activar la exigencia legal de contar con servicios de cuidado infantil.


En síntesis, Subia considera que la justicia reproductiva en el país se ve afectada por un modelo de masculinidad que delega responsabilidades y por un Estado que, además de no invertir lo necesario en políticas de crianza, falla en garantizar derechos ya reconocidos. Transformar la masculinidad —insistió— es también transformar las condiciones materiales y simbólicas que sostienen las desigualdades. “Ningún hombre nace violento”, concluyó; pero la sociedad, si no se cuestiona, continúa reproduciendo esa violencia.

 
 
 

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