Violencia sexual y despidos por embarazo revelan la discriminación estructural contra trabajadoras del hogar
- Red Actora
- hace 3 días
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Luis Fernando Cantoral |

Las trabajadoras del hogar en Bolivia continúan enfrentando múltiples vulneraciones de derechos laborales, violencia y discriminación de género en sus espacios de trabajo, donde persisten relaciones desiguales de poder y el incumplimiento de la normativa laboral que debería protegerlas, denunció Zenobia Mamani, secretaria ejecutiva de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia (Fenatrahob).
Según Mamani, una de las expresiones más frecuentes de discriminación ocurre cuando las trabajadoras quedan embarazadas, lo que evidencia cómo la maternidad sigue siendo penalizada en el ámbito laboral.
“En cuanto los empleadores se enteran de que la trabajadora está embarazada, muchas veces la despiden. Son muy pocos los casos donde se respeta su derecho a permanecer en el trabajo o a recibir descanso por maternidad”, afirmó.
La dirigenta explicó que la situación es aún más crítica para las madres solteras, muchas de ellas mujeres migrantes provenientes de áreas rurales que dependen exclusivamente de su trabajo remunerado para sostener a sus familias.
“A las mujeres con niños pequeños casi no las quieren contratar, lo que las deja en una situación económica muy crítica”, señaló. A esta exclusión se suma la discriminación por edad, ya que muchas empleadoras rechazan contratar a mujeres mayores de 40 años.
Mamani advirtió que estas prácticas reflejan una estructura de desigualdad que combina factores de género, clase social y origen rural, colocando a las trabajadoras del hogar en una posición de especial vulnerabilidad.
La dirigente también denunció formas de trato indigno y discriminatorio dentro de los hogares donde las mujeres trabajan. Algunas son obligadas a comer en espacios separados o reciben alimentos sobrantes de los platos de los empleadores, incluso cuando estos ya comienzan a deteriorarse, prácticas que reproducen relaciones de subordinación y desvalorización del trabajo doméstico.
“Muchas veces el trabajo que realizamos no es valorado. Nos encargamos de la limpieza, la cocina, el cuidado de niños o personas enfermas, pero los empleadores minimizan ese esfuerzo”, sostuvo.
A estas situaciones se suman casos de acoso y violencia sexual en los lugares de trabajo, una problemática que permanece en gran medida invisibilizada. Mamani recordó el caso de una trabajadora que fue encerrada en una vivienda por un empleador de la tercera edad que intentó abusar de ella. En otro caso, un hombre aprovechó que su familia había salido para intentar realizar tocamientos indebidos a una trabajadora en la cocina.
Sin embargo, muchas víctimas optan por no denunciar debido al temor a la estigmatización y a la exposición pública. “Prefieren renunciar y retirarse del trabajo antes que iniciar una denuncia”, lamentó.
A estas vulneraciones se suma el incumplimiento de derechos laborales básicos. Mamani indicó que las jornadas de ocho horas casi nunca se respetan. Las trabajadoras “internas”, por ejemplo, suelen iniciar sus labores alrededor de las cinco de la mañana y concluir cerca de las once y media de la noche.
Asimismo, denunció la precarización salarial que afecta al sector. Debido a la alta oferta de mano de obra y la necesidad económica, algunas trabajadoras aceptan pagos de apenas 60, 70 o 100 bolivianos por jornadas completas. Aunque el salario mínimo nacional alcanza los 3.300 bolivianos, exigir ese monto muchas veces deriva en despidos inmediatos.
Cuando las trabajadoras recurren a la justicia para reclamar beneficios sociales, los procesos pueden extenderse entre nueve y diez años, lo que termina desalentando las denuncias. “La justicia laboral es muy lenta y muchas veces las compañeras se cansan de esperar”, afirmó Mamani.




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